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Un nuevo modelo editorial por derecho (I)

Cuando uno escucha las palabras sector editorial lo primero que se viene a la mente es la idea de sector en crisis y poco o nada adaptado a las nuevas tecnologías. Sin embargo, esa visión es un tanto irreal. Un sector que, en los tiempos que corren, crece al 2,8%, no creo que lo podamos considerar en crisis, aunque, para ser justos, habría que añadir que durante los años prósperos se crecía al 30,8%. Pero como se dice, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Y por lo que respecta a las nuevas tecnologías, el sector se apoya en dos pilares. Por un lado, la búsqueda de formatos alternativos al tradicional. Libros electrónicos o audiolibros son claros ejemplos de este avance más allá del formato de papel tradicional. Que, por cierto, y aquí quiero abrir un paréntesis, es algo que tradicionalmente se ha hecho, el huir del formato papel, encuadernado, tradicional. Y como muestra un botón, en el Siglo XIX era común proporcionar novelas en formato fascículos, sin encuadernación alguna o con una muy básica. El caso era abaratar el producto al máximo para ofrecer historias a bajo coste que pudieran llegar a más lectores. En el fondo es lo mismo que se hace ahora. Buscar formatos que, bien por su coste, bien por el gusto del consumidor o bien por la propia necesidad del mismo, puedan llegar a la máxima audiencia.

Vuelvo del paréntesis. El otro pilar tecnológico en el que se apoya el sector editorial es el uso de las formas de financiación alternativas. Producir una edición ya no es solo que no sea barato, aunque el concepto barato o caro depende con bolsillo con el que se mire, sino que además el sector funciona mediante un mecanismo por el que la editorial adelanta el dinero necesario para maquetar, imprimir, distribuir… y solo ve retorno en un largo periodo. Sí, es verdad, no es, ni mucho menos, el único sector que funciona así, pero es que hoy toca hablar de este y no de otros.

Gracias a la financiación por plataformas de crowdfunding se puede atenuar la capacidad económica de la editorial sustituyéndola por la financiación de estos gastos de una manera más o menos cómoda. Bien es cierto que las soluciones financieras de crowdfunding están más enfocadas a proyectos personales, que usualmente deriven en proyectos profesionales. Lanzar un producto novedoso, financiar la constitución de una empresa, realización de un proyecto personal, etc., son los usos habituales de estas plataformas.

Sin embargo, hay plataformas de crowdfunding que permiten a empresas ya constituidas a financiar proyectos empresariales concretos, y es aquí donde entra el sector editorial, tratando el lanzamiento de cada título como un proyecto propio, con su desarrollo, producción, distribución y promoción. Esta concepción tiene un límite importante, y es que la reedición del proyecto, es decir, del libro, ya no entraría dentro de estos criterios. Por lo que hablando claro, esta fórmula solo es válida para la primera edición.

>La segunda parte de este artículo continúa el 14 de octubre<

Pablo Segura. Fundador de TIC Segura, Abogados en Nuevas Tecnologías.

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