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Sahida Hamido: “La poesía pide intensidad y trabajo. No acepta medias tintas”.

Escritura

Escribiste tu primer poema con ocho años, ni Rimbaud. ¿Lo recuerdas? ¿Por qué escribir?
Lo recuerdo perfectamente. Vi la película “La cabaña del tío Tom” en casa de unos amigos y me afectó muchísimo. Aunque no tuviese que ver con el argumento realmente, en mi interior quería ser libre y me sentí identificada con ese sentimiento asfixiante de estar atrapado. Cuando llegué a casa, tomé una pequeña libreta cuadriculada y un rotulador amarillo y escribí ese poema. Fue como abrirme en canal y dejar salir una angustia terrible que me invadía todos los huesos. Por eso escribir, para poder seguir respirando.

En uno de los únicos textos que has publicado el libro colectivo “Wollstonecraft. Hijas del Horizonte.”, comienzas: “Tenía doce años la primera vez que escribí sobre la muerte”. Insisto ni Arthur Rimbaud
De algún modo, la muerte ha sido un tema recurrente en mis escritos. Nunca me dio miedo ni reparo, ni rechazo. Más bien el saber que estaba ahí, al alcance de mi mano, me daba la opción de ser libre para decidir si vivir o no. Creo que fui una niña-vieja, tal vez no me correspondiera, pero desde que tuve uso de razón me hacía miles de preguntas y me interesaban muchas cosas que posiblemente eran para otra edad. Y pudo ayudar un hambre lectora extrema, fuese lo que fuese, devoraba la palabra impresa.

Por cierto, en el subtítulo de ese libro sobre la madre de Mary Shelley una pregunta: ¿quién convirtió a los hombres en jueces únicos?. ¿Qué piensas?
Pienso que la mujer a lo largo de la historia ha sufrido una discriminación brutal. La falta de reconocimiento y ese trato a sus logros como “de segunda” es ofensivo, de una incultura y un machismo intolerable y desafortunadamente, en pleno siglo XXI las mujeres todavía deben reivindicar un lugar que debería ser por derecho. No concibo femenino o masculino en la capacidad de trabajo o en el talento. O se tiene o no. Y tener que luchar para demostrar que la diferencia de género no nos incapacita para tener el mismo o mayor nivel, a estas alturas resulta agotador e incomprensible. Acaba siendo una pregunta sin respuesta, para mí no tiene una explicación posible.

¿Por qué escribir poesía?
Sinceramente, no lo sé. Tengo el convencimiento de que la poesía te elige. En mi caso es algo superior a mí, es la forma en que consigo expresar el dolor y la belleza, las cosas que me preocupan, los sentimientos más hondos y todo aquello que posiblemente no sabría decir de otro modo. Es mi voz. La poesía es para mí como un brazo o una mano. No entiendo mi existencia sin ella en mi vida.

¿No sería mejor inventar una ficción que la sinceridad radical con la que escribes?
Es cierto que aparentemente todo lo que escribo me expone, pero hay una gran parte de ficción en muchos de mis textos y poemas. Más en los textos que en los poemas. No siempre un poema corresponde a un sentimiento real de ese momento, puede venir por algo visto, leído o sentido que no tenga que ver conmigo. O no de ese momento de mi vida concreto. Creo que la poesía debería ser leída, no para descifrar al poeta que siempre tendrá su lugar protegido dentro de sí mismo, sino para sentir y/o compartir o sentirse identificado con un sentimiento o simplemente disfrutar de la lectura. A veces el poeta, es mero hilo conductor de emociones, belleza, reivindicaciones, y sensaciones que no tienen que ser propias necesariamente. Los textos son otra cosa. Trato de hacer partícipe a quien lee de situaciones, sentimientos, pero todo tiene una parte literaria. No negaré el realismo de ciertos escritos y su crudeza, pero deseaba que fuese así. Exorcizar nuestros infiernos es poder dejarlos atrás y parte de mi motivación al incluirlos fue esa.

¿La escritura libera y es una necesidad?
Sí, absolutamente. Para mí es una necesidad física. Todo lo que habita en mí se va condensando como una enorme bola de fuego que me arde por dentro, necesito sacar cada palabra, desatar la intensidad que me devora por dentro y expresar el mundo que existe en mi interior. Esos ojos invisibles que miran en verso.

En tu libro de próxima publicación existe un entrecruzamiento de géneros. Versos presentados por una narración y una frase que en ocasiones parecen aforismos, sin embargo, el resultado es poesía. Explícanos, por favor, esta forma de escribir.
Todo lo que me rodea, sea hermoso o terrible, pasa por el prisma de la poesía. Mi visión del mundo se rige por ella, y todo aquello que escribo tiene un aspecto poético. Los textos acaban siendo prosa poética, aunque traten de temas personales. Las frases representan la esencia de un verso o de un sentimiento muy concreto, son micropoemas o frases poéticas breves. Todo está envuelto en poesía, porque es lo que me define. Para mí poesía no es el poema en sí, poesía es una forma de vivir y de sentir, de expresarme y de transmitir.

Vida

Sahida, imposible rendirse. Tras leer tu original y antes de conocerte esperabamos encontrarnos con una mujer abatida. Pero para mi sorpresa encontré a una mujer serena que sabía interrumpir sin brusquedad la conversación cuando era reclamada por uno de sus hijos…
La serenidad la da el tiempo, volver de batallas que nos fortalecen y la reconciliación con uno mismo en muchos aspectos de la vida a partir, en mi caso, de cumplir los cuarenta años. Aprender a quererme y valorarme, a aceptar el pasado y el paso del tiempo. A estar a gusto en mi propia piel. He pagado un alto precio por muchas cosas, pero por primera vez en muchos años la procesión ya no va por dentro y puedo enfrentar la vida con mucha más tranquilidad. Hubo momentos en que el tormento interior era insoportable, pero los años lo han mitigado y la vida me ha hecho regalos que me han enseñado a mirar hacia delante.

En una entrevista clásica de la cultura underground William Bourroughs preguntaba a Patti Smith que cómo se sentía al ser la alentadora del movimiento punk y de una generación de jóvenes antihéroes y suicidas. Ella, respondió que no le gustaba invitar a nadie al suicidio que era una apasionada de la vida. ¿Qué opinas?
Yo tampoco alentaría a nadie al suicidio. Ante todo, la vida merece ser vivida. Otra cosa son las circunstancias que llevan a alguien a plantearse no vivir. Lo encuentro absolutamente respetable, y es necesario desdramatizar esa libertad de elegir. Dejar de llamarlo cobardía. No soporto los juicios gratuitos. Cada persona vive su vida y su muerte con un derecho a ser respetado. Yo siempre tuve un especial interés por la muerte y todo lo que la rodea desde pequeña. En algún momento, como pongo en uno de mis textos, estuvimos a punto de ser compañeras de viaje, pero la poesía me salvó. La poesía me salvó, literalmente, la vida.

¿Por qué no has publicado hasta ahora? Hablaste en un momento de un sentimiento de pudor y no saber si tenía calidad literaria suficiente. Sobre el segundo punto no hay duda de la notable calidad con la que escribes y que el futuro lector va a saber valorar. Sobre cómo traspasar el pudor creo que tu propia experiencia personal es valiosa porque trasciende lo individual y se hace en ocasiones social, como en los momentos en los que mencionas a tu padre maltratador.
Mi verdadero talón de Aquiles ha sido la autoestima. Cuando un niño vive constantes situaciones de violencia, algo en él se mina, su imagen de sí mismo se distorsiona y se acaba culpando por esa situación. Es un lastre muy difícil de soltar, un obstáculo que se convierte en un gran enemigo y te impulsa a ocultarte detrás de ti misma y a ser tan dura y crítica con lo que haces, que nunca crees tener lo necesario para estar a la altura. Finalmente, como apuntas, el deseo de compartir mi experiencia y aquello que amo como es la poesía, me dieron fuerza. En ese sentido he superado muchos obstáculos, puestos por mí misma.

 

Poesía

Dime qué opinas, por favor, del comienzo del poema de José Agustín Goytisolo, “Oficio de poeta”:
“Contemplar las palabras / sobre el papel escritas, / medirlas, sopesar / su cuerpo en el conjunto del poema, y después, / igual que un artesano, / separarse a mirar
cómo la luz emerge / de la sutil textura. […]”.
Me parece de una belleza abrumadora. Es ese trabajar el poema con mimo, con amor, el mismo que pone un artesano de oficio. En uno de mis poemas escribo: “amaso las letras como si fuesen pan” y el proceso de moldear las palabras y hornear el poema. Es ese cuidado y esa dedicación tan intensa la que pide la poesía. Pide intensidad y trabajo. No acepta medias tintas.

Lectura

¿Sigues a algún poeta contemporáneo?
Sí, nombraría en especial a Félix Grande (fallecido hace dos años) y a Antonio Gamoneda, pero hay muchos más. No detallaré la lista de buenos poetas, que abundan en el panorama nacional y que he conocido también en redes sociales, porque nombrar es complicado, siempre te dejas a alguien fuera. La poesía vive un buen momento, con muy buenos autores.

¿Reivindicas a alguien que consideras fundamental?
Reivindico que se lea más poesía, que se destinen más recursos a su promoción y difusión.

¿Entre las mujeres poetas a quién destacarías?
Lo mismo que con los poetas contemporáneos, no quiero dejar ninguna fuera, hay muchas poetas maravillosas. En mi caso, Alejandra Pizarnik es indispensable, Wislawa Szymborska, Rosario Castellanos, Julia Prilutzky por nombrar mujeres poetas que me han marcado, aunque hay muchas más. Actualmente la poesía escrita por mujeres tiene magníficas autoras.

¿Para qué nos sirve la poesía?¿Por qué leer poesía?
La poesía es un principio y un fin en sí misma. Es una parte indivisible de lo que somos como seres y de todo cuanto nos envuelve. Nos eleva, nos expresa y nos define. Leer poesía es enriquecedor y colma la parte ávida de belleza y eternidad que poseemos.

Por último, según tenemos entendido a “Diario de una mujer de aire” le sigue otro poemario, y éste otro que estás componiendo, ¿una trilogía?
Sí, hay un segundo poemario ya terminado y un tercero en el que estoy trabajando. No sé si lo definiría como trilogía, cada uno es una isla en sí mismo pero necesariamente unido al anterior.

¿Qué peso específico tienen en tu poemario vida, escritura y lectura?
No entiendo la vida sin escritura, consecuencia de la lectura y ambas necesidades vitales. Y esa necesidad impregna todo lo que escribo. Es lo que escribo o lo que me escribe a mí.