Los lunes, libro

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Lecturas de verano

Por Cynthia Hidalgo, escritora de Historias de una pera

Como rezaba aquella canción de nostalgia: no quedan días de verano, el viento se los llevó… y llegan esos últimos momentos de alargar las horas mirando a ninguna parte, de perderse entre los rayos del sol más intenso y echarle un pulso a la rutina para salir serenamente victoriosos. Momentos de paisajes distintos, de hojas en blanco, de un ocio pausado o atrevido que nos permite la gran osadía de burlarnos del minutero y eludir la responsabilidad…
Y no tenemos más que echar un ojo a nuestro alrededor para admirar, no sin cierto regocijo (personal como amante de la lectura, profesional como quien además regala sus letras), cómo crece en estas fechas el número de lectores, de personas que aprovechan la tranquilidad veraniega para dejarse atrapar por los hilos de alguna historia que les lleve más allá.
Así que estos días, merodeando por las listas de lecturas de verano de las que se hacen eco las redes sociales, y dejándome llevar por el mismo aire con olor a salitre y recuerdos que llenaba mi infancia, no puedo evitar echar la vista atrás y pensar con cariño en aquellos libros que me acompañaron en otro tiempo en la que fue mi época favorita del año.
Y de entre todos ellos he rescatado de mi memoria aquella colección de pasta antigua y hoja amarillenta que coronaba la biblioteca de la casa de mi abuela, unos libros especiales no solo por los misterios que entrañaban sino también por nuestra manera de leerlos. Porque cada tarde, mientras esperábamos a que el sofocante calor del sur dejara de abrasar las calles, yo me hacía un hueco en el sofá de al lado de su mecedora y esperaba emocionada a que ella eligiera uno de aquellos ejemplares de Agatha Christie que adoraba y se ajustara sus pequeñas gafas de leer con ese gesto tan tierno propio de nuestros mayores con el que daba por inaugurada nuestra sesión de lectura, con los ojos brillantes y ese olor particular que solo pueden dejar los libros de siempre.
Nuestra favorita, como según dicen la de la propia Agatha Christie, siempre fue La Casa Torcida, un enredo familiar con un final inesperado que se salía sobremanera de aquello a lo que nos tenía acostumbradas, tanto que por una vez no fuimos capaces de desenredarlo hasta la misma frase final en la que culminaba la novela. Pero… ¡no seré yo quien os revele el enigma que escondía la casa de los Leónides!
Así que aquel verano me supo a misterio, a unos asesinatos que tratábamos de resolver juntas y una complicidad especial que se avivaba aún más con cada página que pasábamos.
Lecturas de verano, de esas que te hacen olvidar por un instante este acelerado ritmo de vida en el que ahora nos sumimos y que dejan sobre tu piel una huella inolvidable como la de su sol más caliente.
Y tú, ¿en qué historia te has perdido este verano?

@ZyniCyn