Arrecife cumple un año en el Día de la Música

Sencillamente… magia

Estamos de celebración: Arrecife y la fábrica de melodías cumple un año de vida. El azar o la suerte quisieron que su fecha de publicación coincidiera con el Día de la Música: 22 de noviembre. Sin embargo, me gusta pensar que este hecho no fue una casualidad. Prefiero creer que algunas cosas crecen y evolucionan a partir de momentos mágicos. Mi hija Aroa nació un 21 de marzo, en el equinoccio de la primavera. Su nombre en vasco significa “cambio de estación”. No se me ocurre mejor forma de venir al mundo. No puede ser casualidad, ni azar. Es sencillamente, magia.

Santa Cecilia es la patrona de la música, de los poetas y los ciegos. Fue canonizada en 1594 por el papa Gregorio XIII. La leyenda dorada cuenta que Cecilia fue una mujer noble que murió entre los años 180 y 230 de nuestra era y que estuvo relacionada de alguna manera con la música y la interpretación musical. Se la representa con un órgano, laúd o cítara. Su vida, su martirio y su muerte estuvieron relacionados con la música. Los escritos sobre la misma nos cuentan que murió rodeada de “órganos”, en realidad, se refiere a instrumentos musicales. Sin embargo, cuando sigues investigando, resulta que en realidad, su traducción verdadera se refiere a otro tipo de instrumentos. Tal vez, otra casualidad la convierta en  patrona de los músicos. Quizás,  un conjunto de errores y extrañas interpretaciones. O una vez más, sea la magia.

El caso es que Arrecife y la fábrica de melodías nació el día de la Música, cuya patrona es una mujer: mártir y fuerte. En ella podemos ver reflejada de forma sencilla el quehacer de las mujeres compositoras a lo largo de la historia. Ella es la abandera de la música, en femenino, con nombre de mujer.

 

En la actualidad, la relación entre mujeres y música suele ser disonante. Cuando asistimos a un concierto, aceptamos con normalidad que las obras escuchadas sean de varones. Algo parecido ocurre si abrimos un libro de música de cualquier etapa educativa o si echamos un vistazo a las programaciones de aula de los conservatorios españoles. La ausencia femenina es casi total. Aunque desde algunos ámbitos (instituciones, académicos y educativos) se viene trabajando al respecto todavía queda mucho por hacer al respecto. Sin embargo, su ausencia responde más al modo en el que se ha contado la historia que a su falta de actividad musical. Por diferentes causas, las pocas mujeres que se atrevieron a componer en tiempos difíciles tendieron a adoptar seudónimos masculinos,  de manera que sus obras pudieran ser interpretadas sin problema. Las que  firmaron con sus verdaderos nombres sufrieron abiertamente  grandes críticas. Por último, las pocas composiciones de mujeres que pasaron a la historia han ocupado siempre un segundo término por el hecho de considerarse  obras de menor calidad a nivel compositivo.

Por lo tanto, ante la pregunta: ¿ha habido mujeres compositoras a lo largo de la historia? La respuesta es sí. Un sí rotundo. De esta forma, los niños y jóvenes han de conocer estas figuras. Han de saber que existen. Tienen que saber que un montón de mujeres a lo largo de la historia  han sido valientes y se han embarcado en la apasionante aventura de componer música, de crear nuevas y bellas melodías.

De esta forma, Arrecife es una novela musical acompañada por música en femenino. Una fábrica de melodías que da voz a mujeres silenciadas y lo hace de forma alegre, misteriosa y mágica. Así, Arrecife representa la superación, la búsqueda de los sueños, el amor por la música y la importancia de la creatividad y la curiosidad como formas de cambio social.

Y no, no es un libro para niñas porque tenga nombre de mujer. Es un libro para el alma. Sin excepciones.

Arrecife nos ayuda a todos… y mientras lo hace aprende de sí misma porque buscando fuera siempre aprendemos sobre nuestro interior. Y no es azar, ni suerte, no es casualidad. Es sencillamente… magia.

Y que cumplas muchos más, pequeña.

“… Arrecife escuchó su cantar. Escuchó el profundo dolor de su corazón por no poder volar, la solidaridad que sentía por sus hermanas. Escuchó sus ansias de libertad, de igualdad y superación. Escuchó el cantar de todas las hermanas luciérnagas durante siglos. Siglos de silencio y resignación. La niña dejó resbalar varias lágrimas por sus mejillas…”

Patricia García Sánchez