Guerrilla gramatical

Cabecera del rotativo "The Times" con puntuación final.

Cabecera histórica del rotativo británico «The Times» con puntuación final.

Un puntazo

El punto es el signo gráfico más elemental. Cualquier niño puede realizarlo. Basta apoyar y retirar la yema de un dedo mojado en una superficie. Sin embargo, la puntuación es todo un arte. En un post anterior nos referimos al punto y coma. Toca ahora dar puntadas a este otro.

Parece que está de moda escribir con frases cortas y marcando el paso con puntos. Como si no existiese otro signo de puntuación. Se olvidan comas, puntos suspensivos o incluso signos que nos ayudan a preguntar o exclamar. Cabe explicar que es una moda pero, como en cualquier otra consideración gramatical, se debería advertir que la economía del signo es resta de la riqueza expresiva de nuestro idioma y lenguaje. Cuanto menos se use menos incorrecciones cabrán. Cierto, pero el silencio completo no debería ser considerado un logro gramatical.

Bastaría recordar que un punto y seguido separa enunciados dentro de un párrafo y que estos tienen relación con la idea que se pretende desarrollar.
Un punto y aparte separa dos párrafos de contenido diferente dentro del texto. Sobre las consideraciones del uso del punto final, sirve para concluir y cerrar un texto.

Recogemos del Diccionario de la Real Academia el lema respecto al punto algunas de las recomendaciones, cuándo no se hace necesario el uso del punto:

 

  • Tras los signos de interrogación, exclamación y puntos suspensivos: ¿Dónde vas? ¿Tú qué crees? No lo sé…
  • Delante de un signo de cierre de comillas, paréntesis, corchetes o rayas.
  • Cierre de enunciado: Los domingos cierran pronto (las siete de la tarde).
  • Para separar los millares, millones, etc., recomendándose para facilitar la lectura de estas expresiones espacios por grupos de tres. 7 239 034.
  • Expresión en forma numérica de los años: 1962, 1933.
  • Numeración de páginas: 1858, 2412, 6232.
  • Postales de vías urbanas y códigos postales: calle de Benito Coll, 1000; 22500 Binéfar.
  • Número de leyes, decretos, artículos, órdenes: Real Decreto 2300/2012.
  • Números de teléfono: 111 111 111
  • Los titulares de mensajes publicitarios.
  • Los títulos y subtítulos de libros, artículos, capítulos, obras de arte, etc., cuando aparecen aislados (centrados o no) y son el único texto del renglón.
  • Los nombres de autor en cubiertas, portadas, prólogos, firmas de cartas y otros documentos, o en cualquier otra ocasión en que aparezcan solos en una línea.
  • Los titulares de prensa.
  • Los índices generales o de contenidos.
  • Los títulos y cabeceras de cuadros y tablas.
  • Las dedicatorias que se sitúan al principio de los escritos.
  • Los textos que aparecen bajo ilustraciones, fotografías, diagramas, etc., dentro de un libro o una publicación periódica.
  • Los eslóganes publicitarios cuando aparecen aislados y son el único texto en su línea.
  • Los distintos tipos de índices que aparecen en las obras para facilitar el acceso a la información (índices de contenidos, de materias, onomásticos, cronológicos, etc.).

Cabe recordar una curiosidad sobre el punto. Cuentan que el tipógrafo Stanley Morison ofreció al rotativo británico un cambio de tipografía en 1929. Y a modo de sugerencia apuntó que en su cabecera era innecesario el punto final. Si aceptaban su oferta bastaría con que publicasen el diario de esta forma. Así fue a los pocos días. Lo recogió Magí ­Camps para un artículo de La Vanguardia, pero la anécdota forma parte del libro de Siruela, Arte en la tipografía y tipografía en el arte de Enric Satué (2007). Parte de este trabajo puede verse en la exposición de la Biblioteca Nacional ese mismo año que aún se puede visitar en internet. Un punto.

Por cierto, la palabra «puntazo» según la DRAE es sinónimo de «pequeña herida».