
Guía de uso del punto y coma
Hace unas cuantas décadas se puso de moda. El uso del punto y coma era según los expertos la forma de diferenciar a los buenos escritores. Lo decían en los manuales de redacción periodística y algunos profesores en la materia hacían de este signo un distintivo para caracterizar a los autores que tenían don de los que no.
Así que las pausas entre largas frases se acotaron de puntos y comas sin control. Las hemerotecas están llenas de este fenómeno. Larguísimos párrafos asaeteados de puntos y comas. Larguísimas exposiciones entrecortadas por (;). Apuñaladas por puntos y comas porque los gurús del arte de redactar dictaminaron que esto era un distintivo estilístico. Que esto te hacía ser más autor.
La RAE advierte ya que se trata: “… de todos los signos de puntuación, el que presenta un mayor grado de subjetividad en su empleo, pues, en muchos casos, es posible optar, en su lugar, por otro signo de puntuación, como el punto y seguido, los dos puntos o la coma…”. Y tanto, ver lema al respecto.
La Fundeu, por su parte, recomienda su uso dos casos claros:
a) En enumeraciones: «Al acto también asistieron los siguientes ministros bolivianos: el de Exteriores, David Choquehuanca; el de la Presidencia, Juan Ramón Quintana; el de Comunicación, Amanda Dávila, y el de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, Nardi Suxo». Como se ve, aunque no sería incorrecto mantener el punto y coma para separar a los dos últimos ministros, lo más recomendable para cerrar el inciso «Amanda Dávila» es emplear la coma antes de la conjunción «y», indicio claro de que la enumeración concluye.
b) Ante conectores, como «sin embargo», «así pues», «en definitiva», «por otra parte», «por tanto»…, cuando encabezan el segundo periodo: «El niño estuvo especialmente revoltoso; por tanto, después de pedirle mil veces por las buenas que dejara de gritar y saltar en el sofá, no es de extrañar que sus padres acabaran perdiendo la paciencia». Si se estima que las oraciones son muy largas, es posible sustituir el punto y coma por punto y seguido.
Un maestro de su uso fue el nuevamente aplaudido Baroja. Pero nos tememos que eran otros tiempos. Lo que sí es innecesario, en esta economía del mensaje que vivimos, es en frases cortas del tipo: “soy lo que leo; estoy en lo que escribo”. Aunque con ello no consigamos el premio de gran escritor.
