Guerrilla gramatical

Faltas políticas
El lenguaje es la explicación y el límite donde se contiene el mundo. El lenguaje político en su pobreza también evidencia sus limitaciones. La práctica política no da mucho de sí en este sentido. Entre la soflama, la verborrea y la incongruencia, al ciudadano no le queda otra más que el aturdimiento, el aburrimiento o la carcajada.
Atrás quedó la oratoria política —revisen alguno de los discursos de algunos nuestros políticos españoles de principio del pasado siglo, muchos de ellos escritores—. El discurso político era primero escrito y luego leído. Nos tememos que ahora ni eso. Pura improvisación, de ahí el dislate. Casi mejor que los políticos no escriban.
Nuestro «no presidente» sin funciones está plagado de desvaríos recogidos en hemeroteca. He aquí una lista para que valoren:
«Quiero transmitir a los españoles un mensaje de esperanza. ETA es una gran nación; España, perdón, es una gran nación.»
«¡Los chuches! ¡Va a subir el IVA de los chuches también!»
«Vamos a ver, eeeh, uuum… ¿Medidas para crear empleo? Bueno, la verdad es que me ha pasado una cosa verdaderamente notable, que lo he escrito aquí y no entiendo mi letra.»
«Los seres humanos somos, sobre todo, personas.»
«It’s very difficult… todo esto.» (Hablando con el primer ministro británico)
«Quiero agradecer al Gobierno cubano su protagonismo y sus contribuciones.» (En una comparecencia con el presidente de Perú)
«Nosotros hemos hecho algo que ustedes no han hecho, que es engañar a la gente».
Fuente:
http://www.huffingtonpost.es/2014/11/20/peores-frases-rajoy_n_6191204.html
Suponemos a nuestros políticos demasiado ocupados para cuidar sus discursos y sus actitudes. Recuerden cuando George Bush fue informado del ataque de las Torres Gemelas. El video de George W. Bush mostraba a un sujeto leyendo un libro para los escolares. Sostuvo un cuento al revés.
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Pero el lío político lo es aun más ahora que estamos tan enredados. Las redes sociales a las que la vieja política llegó tarde, están plagadas de disparates a diestro y siniestro.
Intenten identificar en el lenguaje político actual alguno de los siguientes principios. ¿Les suenan?:
Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Principio del método de contagio.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad».
Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.
Pareciera un breve manual de cómo adaptar el discurso político en las redes sociales. Lo cierto es que pertenecen a uno de los capítulos más oscuros de la historia de la infamia, el nazismo. Son los principios de propaganda de Goebbles.
