Viernes libre

kiriku 1 editorial de libros infantiles juveniles

Una librería donde pasan cosas

Corría el año 2003. Un proyecto de librería abría sus puertas. Esta apertura era también el alma del nuevo espacio. «Queremos hacer una librería abierta, amable», explicaba por entonces Ester Madroñero, una de las socias fundadoras, empeñada en ofrecer un espacio distinto. Eso debieron de pensar al colocar un verde prado lleno de flores en su techo.
No era un mal momento económico. Tampoco lo era para el libro y las librerías. Sobre todo si se compara con este actual, atroz: dos librerías cerraron cada día el año pasado, según la CEGAL.
Kiriku y la bruja, la librería, tomó el nombre del libro de Michel Ocelot editado en España por Kókinos. Un niño a los pocos minutos de nacer tiene que luchar contra la bruja Karabá, que tanto daño ha causado a su poblado y a sus seres queridos. Valiente como un hombre e inocente como un niño, mata al monstruo que ha secado el manantial, atraviesa la Montaña Prohibida, roba las joyas de la bruja y al fin, vuelve triunfante de su aventura trayendo de la mano una sorpresa. Toda una épica y parece una metáfora de la suerte de muchas librerías.
«Una librería donde pasan cosas». Así definió Ester también y por aquel entonces el propósito de su proyecto. Desde su arranque decidieron, bajo su clara premisa aperturista, dejar que los libros estuvieran en manos de padres y niños. Al principio todo fue sobre ruedas. Todos eran respetuosos con aquello que se les ofrecía. Luego tuvieron que diferenciar un espacio en la librería, la «Biblioteca. Te lo dejo». A los pocos años, sumaron una advertencia: «Como sabemos que no podéis evitar abrir los libros, y a nuestros clientes no les gusta comprar libros toqueteados, tenemos esta biblioteca a vuestra disposición». Últimamente, según nos cuentan, se han multiplicado las advertencias para que se respete el material a la venta.

 Rincón de la librería Kirikú y la Bruja destinado a que los niños revisen los libros

Rincón de la librería Kirikú y la Bruja destinado a que los niños revisen los libros

Desconocemos qué está ocurriendo. Muchos padres, sabemos, conciben el ocio de sus hijos como un respiro para ellos delegando en otros la su responsabilidad por unas horas. Estos padres consideran estos espacios con dinámica de actividades constante como un lugar idóneo para el «aparca-niños».
Por otro lado, un niño debe ser consciente siempre y a cualquier edad de que los libros se rompen. Basta zarandear el libro desde sus hojas para destrozarlo. Los padres abúlicos deberían realizar esta pedagogía ante sus hijos en casa. Con sus libros preferidos. O lanzando sus libros digitales contra el suelo. Es una sugerencia.