Urgencias-hospital

La palabra esencial en el tiempo

Machado definió de forma magistral así la poesía. Al margen de titular este post, es una propuesta de reflexión. A nadie se le escapa que vivimos tiempos de palabrería y urgencias. De perentorias necesidades impuestas y majaderías escritas y habladas a borbotones.

Profesionales de la palabra, entre los que se encuentran muchos políticos, incluso con sus silencios, contribuyen a un pandemónium ensordecedor. Avivado además por redes que tienen más de avispero asocial que de ocasión de comunicar con franqueza con nadie.

Por esto esta propuesta de reflexión. Deberíamos restituir lo que la poesía contiene de virtud esencial. Sentarse y encontrar el momento para que palabras esenciales nos confirmen lo que somos. Que a juzgar como vivimos en la actualidad es ser bien poco.

Pero es que además la buena poesía no suele defraudar. Porque hay un ejercicio de sinceridad intrínseco que puede ser lo más parecido a la honradez. Para el lector y para el autor que le tiende un espejo. La buena poesía se valora por su composición atómica de honestidad.
No es de extrañar que el inmenso poeta que fue Juan Ramón Jiménez en su obra recién publicada, hasta hace poco inédita, explicase: “Me he propuesto que sea, por encima de todo, honrado, exacto y justo”, afirmaba en su prólogo, y confesaba: “Hoy me deshueso ante ustedes. Verán ustedes huesos escritos”. Por cierto, que para esta obra, verdadero testamento vital y poético, tras muchos títulos provisionales, escogió de una forma sencilla: Vida.