Entrevista a Luis Fernando Redondo, autor de Memorias de mis pies

El escritor manchego (Montiel, 1970) nos concede esta entrevista previa a la publicación de su primera obra, Memorias de mis pies. Pese a llevar más de media vida viajando, para él el Camino es algo diferente y único. Aquí nos deja unas pinceladas de sus experiencias en el Camino de Santiago: la parte humana y la parte mística de esta legendaria senda, las enseñanzas que le aportó y la transformación a la que la realización de este viaje le llevó.

Este libro se trata de financiar a través del crowdfunding. Si queréis participar en este enlace podéis colaborar

kuli editorial de libros infantiles juveniles

¿Cómo decide alguien hacer el Camino en solitario en pleno invierno?

En Barbados conocí a un navegante canadiense, de esos que se marcan retos de navegación en solitario en un velero y me contó que era adicto a esos viajes porque en realidad eran viajes a sí mismo. El viento, el mar y yo, decía con una sonrisa de esas que esconden el secreto de la vida. Aquello se me quedó grabado y unido a que siempre había querido hacer el Camino de Santiago, ante la fascinación de su fama, decidí hacerlo en condiciones de soledad, para ello debía evitar ese río de gente que me habían dicho que es el Camino en verano, necesitaba las condiciones de soledad y descontaminación visual y acústica, enfrentarme a la naturaleza en solitario, donde solo escuchara mis pisadas, mi respiración, el agua de los arroyos, los pájaros trinar o el sonido del viento cuando se frota con las hojas de los árboles. Estaba seguro de que en ese silencio del caminante podría escucharme a mí mismo. Estas condiciones sólo se consiguen en invierno.

¿Qué es lo principal que te ha dado el camino?

Me ha dado muchísimas cosas, la mayoría difícil de verbalizar, pero si tengo que destacar lo principal de lo que puedo verbalizar, diría que fe.

¿Te ha convertido en una persona religiosa?

No, la fe que me ha dado el Camino nada tiene que ver con religión. Me ha dado lo que yo llamo la fe transitiva, es decir, tener fe en la gente que tiene fe. Quien cree con toda su alma y es coherente con lo que cree, eso en lo que cree es real, incluso más que lo que vemos y podemos tocar, porque todo lo que vive esa persona lo hace guiado por esa fe, cosa que no consigue nada de lo que se ve y se toca. Existe aquello en lo que crees con todo tu ser y esa es mi fe, fe en mí mismo y fe en los que tienen fe en algo tan fuerte como para dirigir su vida.

¿En qué eres distinto al que eras antes de hacer el Camino?

A propósito de esta pregunta, me gustaría contar la historia con mi mochila. Es el primer viaje que preparo a conciencia, la primera vez que hice una mochila apoyado en una lista armada y revisada varios días de antelación. No tiene nada que ver con la mochila con la que regresé a casa. Uno comienza a caminar con más cosas de las que necesita, varios «porsiacasos» van sumando kilos y los kilos sumados a los kilómetros van afectándote físicamente. Bastan dos o tres días para que te des cuenta de que te sobra la mitad de la mochila, no obstante te da cosa dejar estos pantalones de 60€ o estas zapatillas de marca, ¡si son nuevas! o tal camiseta… y vas arrastrando mochila. De repente un día te levantas y dices, al diablo con todo esto; entonces has entendido que para caminar en la vida hay lastres de los que te tienes que deshacer, por más que te cueste deshacerte. Debes llevar contigo únicamente lo que cumple dos características: es funcional y te permite caminar. Así es la vida en lo material y en lo personal, debes llevar en la mochila sólo lo que te permita ser tú mismo y caminar. Ahora contesto a tu pregunta ¿En qué soy distinto al que era antes de hacer el camino? En la mochila, ya sólo llevo lo que me permite caminar.

¿Si tuvieras que darnos cinco fotos del camino de las que tienes en tu cabeza, cuáles serían?

¡Uf!, difícil reducir el Camino a cinco fotos. Bueno, voy a tratar de ser un obediente entrevistado.

  • Foto 1.- El rostro de dolor de Jesús. Es una imagen que tengo nítidamente grabada en mi cabeza, es la fuerza de voluntad y superación por excelencia. Para mí un héroe. ¿Cómo pudo caminar 750 kilómetros con aquel esguince de caballo? Sólo una fuerza extraordinaria que sólo tienen determinadas personas. Si no fuera por Jesús, esta foto la tendría de Encarna, de Shady o de Javi el Ponferradino, pero no me quiero repetir en fotos.
  • Foto 2.- Encarna, Jesús y yo acuclillados y Encarna partiendo un huevo y un tomate en tres trozos. Quien no ha compartido la miseria no conoce la esencia de compartir. Esta no solo la tengo en la cabeza, la tengo en archivo gráfico, si bien falto yo. No llevé palo de selfie.
  • Foto 3.- La imagen de Frank desnudo, tan delgado, con el estómago en un plano más atrás que el esternón y con ese rostro que parecía triste hasta cuando sonreía. Verdadera imagen del caballero de la triste figura.
  • Foto 4.- Le Petit Rouge. El petirrojo mágico que me enseñó el secreto del Carpe Diem.
  • Foto 5.- El abrazo que nos dimos todos llorando con Shady en el centro, en la catedral de Santiago. Un egipcio de 21 años, que fue capaz de subir el Irago tirando de dos mochilas de trece kilos cada una y de su compañero que no podía con su alma. Un verdadero León que lloró en Santiago como lloran los valientes, cuando han hecho la hazaña, no antes.

¿Estando en esa cultura de lo justo y necesario, por no decir lo precario, qué se echa de menos del mundo confortable?

Hum, déjame que piense. Nada. Realmente nada. De hecho, un día dormí con sábanas, en Agés, todos los que allí dormimos comentamos entusiasmados el lujo que era. Creo que es la noche que peor dormí.

¿Cómo te viene la idea o la decisión de escribir?

Lo tenía claro, desde que decidí hacer el Camino, sabía que me acompañaría un cuaderno y varios bolígrafos. Descubrí hace tiempo el placer de viajar solo y contar el viaje a través de una crónica. Cuando hago crónica de mis viajes, parece que aumenta mi capacidad de observación porque asumo la responsabilidad de contarlo, que es como llevar unos ojos prestados para que disfruten tu viaje. Y lo cierto es que yo lo disfruto doble.

Llegada de Memorias de mis pies

Llegada a Santiago. Fin del Camino

¿Por qué decides que el libro sea ilustrado por Txema Bua y no haces uso del material gráfico que recopilaste con tu cámara?

Pienso que la fotografía mata la narrativa (salvo raras excepciones), mientras que el dibujo la complementa, porque dibujar es como contar una historia, tiene esa labor de tejer lo que quieres mostrar. En una segunda ocasión que fui a hacer un tramo del camino, en un albergue había una estatua de un peregrino, frente a ella había un peregrino que la estaba dibujando, me senté a su lado y contemplé su labor envidiando esa relación que tenía entre los ojos y su trazo. Quizás pudo estar media hora relacionándose con aquella estatua, de la que pensaría y despensaría mil detalles sobre ella mientras la dibujaba. Se relacionó de una manera íntima con ella. De vez en cuando llegaba alguien y disparaba una foto sobre la estatua, apenas miraban dos segundos la estatua, disparaban su foto y contemplaban esta durante unos cinco o seis segundos. Creo que vivimos en una sociedad en la que delegamos demasiado a la fotografía, vemos el mundo a través de su representación digital. Además me encantan los antiguos cronistas, aquellos que acompañaban a los adelantados o conquistadores, que escribían su crónica y la acompañaban de dibujos.

¿Cuánto tiempo demoraste en escribir la novela? ¿De dónde sacabas el tiempo?

Prácticamente durante todo el año que siguió a mi viaje. Todo lo que no era trabajar lo invertía en escribir, sobre todo los fines de semana: me encantaba levantarme, irme con el desayuno al escritorio y empezar a escribir entre el café y la tostada, sólo me detenía el hambre si arreciaba y a veces volvía a la vida real para darme cuenta, por sorpresa, de que eran las tres de la madrugada. El tiempo no existía cuando no lo tenía que tener en cuenta. Volvía a hacer el Camino sentado frente al portátil.

Veo que das muchos datos y en el propio libro hablas de que llevabas una bitácora, pero en las reflexiones que son más volátiles, ¿son reflexiones frente al portátil en el momento de escribir o de verdad fueron reflexiones del caminante?

Todas reflexiones de caminante. Me acompañaba de una grabadora en la que iba dejando la huella de estas reflexiones que me asaltaban en el camino.

¿Por qué planteas la novela como una charla en un bar?

Quería crear dos planos en la novela, el plano de la metanovela, que es el plano en el que discurre la conversación con Jose en el Ambigú, nuestro bar de cabecera; y el plano de la propia crónica del Camino que fluye bajo el anterior como tema de conversación. Esta existencia de dos planos superpuestos da mucho juego: permite incrustar diálogos sobre lo que se está narrando, contar historias mínimas típicas de bar que acontecen en el Ambigú, mientras transcurre la narración… Incluso los dos planos, animados por las fuerzas de Baco que suelen darse en los bares, se entrelazan hasta confundirse. Por ejemplo, cuando Jose, personaje del primer plano al que el protagonista está contando su viaje, llega a interactuar con personajes del segundo plano.

En la descripción de tu proyecto en Verkami hablas de influencias y cito «de Cortázar, Unamuno, Juan Marsé o Vargas Llosa, entre otros». ¿Nos podrías decir qué podemos descubrir de cada uno de ellos?

Que los dioses me perdonen, pero sí he tratado de sentirme alguno de ellos en determinadas circunstancias de la novela, sin lograr salvar el abismo que nos separa. De Juan Marsé y Vargas Llosa podría decir que les he copiado esas idas y venidas, como un juego en zigzag con el tiempo, en una única secuencia narrativa, juntándose pasado y presente en un mismo punto para explicarlo mejor. Me había encantado cuando lo leí de Vargas Llosa en Conversaciones en la Catedral, pero luego vino Juan Marsé en Si te dicen que caí a enamorarme con una mayor sutileza, con esa técnica que destroza el tiempo para mejorar la narración, es algo así como cine para invidentes. Lo digo porque lo veo muy parecido a ciertas técnicas de narrar usadas mucho en cine, cuando algo en el presente se explica con flashes del pasado. De Cortázar tiene algún intento de orquesta, que es como llamo a esa forma que Cortázar tiene de describir; donde un montón de elementos eclécticos, sin dimensión temporal, como instrumentos que suenan sin partitura y en autonomía, los junta de forma mágica y suena una melodía preciosa, una especie de impresionismo plástico a través de la palabra. De Unamuno, tomé prestado esa confusión de planos entre la novela y la metanovela, que me fascinó en Niebla. ¡Ah! y de Cortázar y de Bolaño ese espíritu de querer divertirme con el lector.

¿Qué consejos darías a los viajeros del Camino, sobre todo a los que viajan en invierno?

En el plano práctico: Vayan bien preparados para el frío y para la lluvia, que lleven calzado de trekking mejor que de montaña, que lleven un palo para defenderse de los perros en la parte gallega y lo que crean necesitar, pero nunca lleven una mochila mayor al 10% de su peso. Créanme, se puede.

En el plano espiritual: disfruten del Camino, no lo tomen como una competición.

En el libro destacas varios hospitaleros que de una u otra manera te han facilitado el trayecto. ¿Qué personas del Camino te han marcado más?

Entre los hospitaleros tengo dos que me han marcado especialmente: Paco, el hospitalero de Castrojeriz y el Xato, en Villafranca. Ambos por su fe en sí mismos y en lo que hacen, que los hace brillar con una energía propia, como las estrellas. Mucho de lo que me traigo del camino se lo debo a ellos.

Entre los peregrinos me quedo con los que me han tocado especialmente el corazón, como son Jesús, Encarna, Shady y Frank. Jesús y Encarna fueron como mis hermanos y Shady mi hijo, de hecho lo llamo hijo. Puede que sean las circunstancias y la magia del camino que nos hace mejores, pero no he conocido personas más generosas que ellos tres. Son los que he tenido oportunidad de conocer más a fondo. Luego está Frank, que en realidad lo destaco porque me ha hecho conocerme mejor a mí mismo, poniendo a prueba mi honestidad y mi generosidad y creo que no salí tan bien parado.

¿Tienes algún nuevo proyecto literario en mente? ¿Cuál?

Una novela que comencé a escribir hace años en unas vacaciones en Barbados, sobre piratas, pero que se quedó en un cajón dormida. El protagonista es Steed Bonnet, el pirata más extraño de la historia de la piratería; un ricachón que decide dejarlo todo, compra un barco y pagar a una tripulación para ejercer la piratería por amor al arte. En cuanto tenga un tiempo quiero ponerme con ella.

Este es un libro autopublicado y financiado a través de crowdfunding. ¿Qué ventajas e inconvenientes ves a este nuevo tipo de edición?

La ventaja es clara, cualquiera puede probar a financiar su proyecto, el inconveniente es que estas plataformas no tienen unos canales potentes de promoción ni un coaching que sería de gran ayuda a los que no nos dedicamos a esto, por lo que casi el conjunto de mecenas se limita a amigos y conocidos.