Carmen Balcells, in memoriam

Por Guillermo Montesinos, fundador de sin-prisa

Ayer moría Carmen Balcells. Para quien no lo sepa a ella se debe que Vargas Llosa sea quien es. Y otros tantos autores del llamado boom de la novela latinoamericana. Esta agente literaria, editora, escudriñadora del éxito editorial o simple lectora con excelente buen gusto, debería ser un referente en la industria editorial de todo el mundo.

Ligada a la editorial de Carlos Barral, tuvo un origen fortuito con el mundo del libro, digno del relato de una novela que alguien debiera escribir. Una visita de un empresario brasileño que quería hallar un editor en portugués la llevó a conocer al rumano Vintila Horia, que tenía una agencia literaria en Madrid, Acer. Ella le haría la representación en Barcelona. Cuando el escritor ganó el Goncourt y se instaló en París se quedó con su cartera de autores y se instaló por su cuenta. Este momento crepuscular sucedía a comienzos de los sesenta.

La cuestión es ahora imaginar. Como en un relato del realismo mágico. Supongamos que Carmen Balcells es ahora una joven con una pequeña agencia literaria en la España actual. Pensemos que conoce a un autor colombiano y a otro argentino. Completos desconocidos. Desde la agencia literaria de Carmen, Macondo, apuestan por ellos a ciegas.

Sin embargo, no tienen financiación para publicar. Multitud de simpatizantes que han leído ya textos suyos en blogs o en revistas literiarias digitales les avalan.  Entonces Carmen Balcells contacta con bookolia y le expone el caso. Esta editorial les brinda la posibilidad de coedición que ofrece en sus servicios editoriales.

En un sólo un día un tal García Márquez y otro apellidado Cortázar consiguen mediante una campaña de crowdfunding de Bookolia movilizar unos 2.000 euros para el arranque de su primera novela. En papel y digital. En dos meses son trending topic Macondo, Bookolia, Carmen, Gabriel y Julio.